Sufrió adicciones, el combate con cuchillos lo rescató y representará a la Argentina en el Mundial de Francia :: Olé

La historia de Federico Lorenzo arranca lejos de cualquier sueño grande: en noches largas, en peleas internas, en un fondo del que parecía difícil salir. Hincha de Lamadrid, de barrio y de aguante, supo lo que es quedar contra las cuerdas por las adicciones, hasta que apareció una luz en el camino. En una charla con Olé, contó cómo el combate con cuchillos, tan malinterpretado como fascinante, terminó siendo el punto de quiebre que le dio un rumbo, siempre de la mano de sus seres queridos.
Hoy, ese mismo camino lo encuentra a días de representar a la Argentina en el Mundial que arranca el 22 de marzo en Francia. Antes, se animó a desarmar prejuicios: lo que muchos asocian rápidamente a una cuestión marginal, que puede fomentar una cultura violenta, él lo vive como disciplina, técnica y control. Así, en la sede del club de sus amores, se dedicó a la enseñanza de esta práctica hasta formar un grupo que se convirtió en una familia, la cual comparte no sólo entrenamientos, sino también la vida misma.
Pero además de sus alumnos, hay más personas que empujan a Federico, como la gente de la tribuna. Los pibes de la hinchada de Lamadrid se pusieron la historia al hombro con rifas, colectas y lo que hiciera falta. A puro pulmón, juntaron lo necesario para que pueda subirse al avión y llevar sus colores hasta suelo francés. No es solo un viaje, es un respaldo, un “andá y dejá todo” que cruza el océano. Porque Fede no va de paseo ni a ver qué pasa: va a plantarse, a competir y demostrar que Argentina también tiene con qué entre las potencias de un deporte que ya tiene a su gran candidato.
Olé, mano a mano con Federico Lorenzo, esgrimista profesional que representará al país en el mundo
“Rusia es el número uno en esta práctica, ahí se inventó. Los franceses están segundos. Pero viendo como está creciendo el nivel de esgrimistas en el país, tranquilamente le podemos pelear el tercer puesto a los italianos“, comentó Lorenzo, quien no se olvidó de su club: “Lamadrid es mi casa, voy a llevar la camiseta y la bandera que me hicieron los chicos de acá. Voy a ir a pelear el Mundial, a dejarlo todo y ganar, ¿por qué no?“
Antes de tocar este punto máximo que es representar a tu país en uno de los mayores escenarios de este deporte, el camino de Fede tuvo que arrancar en algún momento. Sin tener en claro si fue en el año 2008 o 2009, contó: “Compré una revista que en la tapa tenía a un señor con un bastón y un cuchillo y decidí llamarlo. Esa persona era Nicola Politano, quien fue un instructor del ejercito italiano, y tuve la suerte de que estaba viviendo en la esquina de mi casa. Comencé a entrenar con él, y cuando se volvió para su patria, seguí tomando clases”.
Hay tentaciones que son difíciles de ignorar en ciertos contextos. Federico se equivocó y lo pagó por un tiempo. Sin embargo, tal y como él mismo dijo, “el deporte sana vidas”. Y agregó: “No hay nada mejor que un chico esté adentro de un club y no en la calle. Realizar una práctica me ayudó a ordenar mi cabeza, junto con el trabajo, familia y amigos. Pero la mayor parte es gracias al ejercicio”
“El desgaste físico evitaba que caiga en malos pensamientos. Encontrar algo que me motivara fue muy bueno. Estoy muy agradecido con todos los que me acompañaron, hace cuatro años estoy limpio de todo. Hubo una época en la que cambié de trabajo y no tenía tiempo para entrenar, lo que me generó un vacío enorme. Por suerte, pude volver a cambiar de laburo y me dediqué de lleno a esto. También en un momento me encontré con mis papás más grandes y mis hijos necesitaban un padre presente. Ahí sentí un quiebre”, expresó Fede sobre uno de los tramos de su vida.
Sobre los prejuicios que rodean al combate de cuchillos, habló: ” Lamentablemente la sociedad está muy violenta. En cualquier casa hay un tramontina y muchas veces escuchamos acerca de una desgracia en la televisión o en las redes sociales. No estoy para nada de acuerdo con eso, no hacemos apología a la violencia o a la delincuencia. Es un sistema reglamentado mundialmente y lo tomamos como es, como un deporte”.
“La forma de pelear contra esas ideas negativas es haciendo un buen laburo social, acercando a la familia para que vean cómo entrenamos. También llevamos a cabos torneos serios y prolijos para dar el ejemplo, donde se acercan muchas personas de todos los puntos del país. Todas las personas merecen una oportunidad, la vida es linda. Hay que salir de las falsas comodidades y buscar revancha“, sentenció sobre el mal concepto en relación a su trabajo y la gente que lo practica.
En cuanto al grupo, Federico no pudo evitar emocionarse y una vez que se contuvo, aclaró: “Somos muy unidos y muy cerrados a la vez. Siempre que aparece alguien nuevo, es bienvenido y se lo integra a nuestra familia. Hablamos de todo más allá del combate con cuchillos. A veces uno cuenta que le va bien en el trabajo, que lo perdió, que se peleó con la pareja, y demás problemas cotidianos de la vida. Somos muy unidos y hay mucha contención, esa unión es lo más lindo que tenemos.
Los alumnos también hablaron con Olé
Daniela, quien práctica desde hace tiempo, fue clara sobre la unidad que maneja esta familia: “Es magnífico entrenar acá. Son todos muy respetuosos en el club. Esto te despeja la cabeza y sentís que sos totalmente aceptado. Yo llegué acá por un conocido que me contó sobre la cuestión, un día me animé y no me fui nunca más“.
Créditos: Gabriel Guiguez
Por su parte, Javier comentó cómo es entrenar bajo la tutela de Federico: “Es un gran profesor. Es exigente y procura que nosotros, sus alumnos, aprendamos a combatir de forma deportiva. Conocí este lugar en las redes, siempre practiqué artes marciales pero esto me llamó la atención, es un lindo deporte”.
Curiosamente, las palabras de Fernando, que a diferencia de Daniela y Javier lleva mucho menos tiempo en el grupo, fueron las más emocionantes. “La primera vez que salí de entrenar, agarré la bicicleta y no sabía para dónde carajos iba. Me vació la cabeza en un buen sentido. Salgo de acá y es como si estuviera en una nube, algo que ni siquiera miles de psicológos y toneladas de pastillas lograron a mis 62 años. Este deporte me genera felicidad, no violencia o todas las boludeces que se dicen”.
Después de toda la charla y con una clase en el medio, el grupo entero terminó cayendo en el buffet del club. Como una familia en un domingo, se acomodaron entre mesas y se quedaron largo rato. Hubo pizzas, anécdotas y un clima de pertenencia que no es fácil de encontrar. Y todo esto, en el contexto de una despedida. Entre abrazos y chistes, lo fueron soltando a su ídolo, profesor y amigo, que ya se encuentra rumbo a Francia para representar a la Argentina en el Mundial. Y él, que alguna vez entendió que “el deporte sana vidas”, hoy es la prueba viva de eso.
Fuente: www.ole.com.ar






